Durante la época imperial, Cerdeña formó, junto con la cercana Córcega, una provincia romana. En los períodos de paz fue gobernada por el Senado; en las fases más inestables, en cambio, por un funcionario del orden ecuestre, designado directamente por el emperador.
La dominación romana, que se prolongó durante casi siete siglos —desde el 238 a. C. hasta el 458 d. C., cuando la isla fue ocupada por los Vándalos—, dejó huellas muy profundas. La más duradera de todas fue, sin duda, la lengua: el sardo moderno es una lengua de origen neolatino.
Los objetos expuestos en la vitrina 0.26 pertenecen a la época romana imperial.
Las cerámicas reflejan la densa red de relaciones entre Cerdeña y otros territorios del Imperio. A menudo viajaban como mercancía complementaria de productos agrícolas de mayor valor, como el vino y el aceite, transportados en ánforas. Desde el área toscana llegaba la cerámica sigillata itálica, identificada con el número 1, en ocasiones decorada con ricos relieves realizados a molde, como el vaso firmado por Marcus Perennius Tigranis, célebre productor de la ciudad de Arezzo. Desde el sur de la actual Francia procedía, en cambio, la sigillata sudgálica, con el número 2. Muy difundida en Cerdeña fue también la sigillata africana, número 3, mientras que es también frecuente la cerámica de paredes finas, número 5, importada o producida localmente a imitación de modelos externos.
Las lucernas procedían en general del área itálica y del norte de África. En los ejemplares señalados con el número 6 pueden observarse, en el disco central, la imagen de un grifo, un gladiador y una escena erótica.
En las mesas más acomodadas, la vajilla incluía a menudo recipientes de vidrio, como el vaso procedente de Cornus, importado de Siria, o la botella para agua identificada con el número 11. De especial interés son los diplomas militares, con el número 4, que conservan un extracto del decreto imperial mediante el cual se concedía la ciudadanía romana a los soldados al finalizar el servicio militar. Estos documentos permiten comprender cómo Roma integraba a los habitantes de las provincias en la comunidad de ciudadanos.
A la esfera privada pertenecen varios objetos de gran refinamiento, como el brazalete de lámina de oro trabajado a repujado, con el número 7, y los instrumentos de tocador en marfil, con el número 8.
La religiosidad de la época está documentada por estatuillas y exvotos de bronce y terracota. Con el número 14 se expone una divinidad barbada con tocado de plumas, identificada con el Sardus Pater, una divinidad local conocida también por algunas monedas del siglo 1° a. C. Por último, con el número 15, pueden observarse dos bustos de terracota de la diosa Ceres, muy difundidos en Cerdeña y a menudo hallados en santuarios rurales o en contextos agrícolas.