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Tras la llegada de comerciantes fenicios a las costas sardas con fines comerciales, a comienzos de la Edad del Hierro, se produjeron las fundaciones de las ciudades fenicias. La primera de todas fue la ciudad de Sulki, la actual Sant’Antioco, cuya fundación se remonta a mediados del siglo 8° a. C., en una posición estratégica próxima al polo metalífero del Sulcis Iglesiente.

En el transcurso de tres siglos, en las costas meridional y occidental de Cerdeña la presencia fenicia aumenta con asentamientos bien situados en promontorios y dotados de fondeaderos protegidos, como Karalì (la actual Cagliari), Nora, Bithia (en la localidad de Chia), Tharros y Othoca (hoy Santa Giusta).

Con la llegada de los Fenicios primero y de los Cartagineses después, la población de Cerdeña asimila la cultura púnica en muchos de sus aspectos, sobre todo en las producciones materiales y en la artesanía de los metales preciosos. Particularmente floreciente es, de hecho, la creación de joyas y amuletos. Los objetos expuestos en esta vitrina proceden en su mayor parte de adquisiciones decimonónicas.

En el número 1 se encuentra el único contexto de procedencia segura: el collar de pasta vítrea con cuentas y colgantes de vivos colores y el espejo de bronce, que forman parte de un ajuar funerario femenino procedente de la necrópolis de Funtana Noa de Olbia. Se exponen además muchos otros collares, en oro y piedras duras, no menos refinados y valiosos. En oro y plata pueden admirarse también anillos (números 8 y 11), sujetatrencas para adornar el cabello (número 15), colgantes (número 3), pendientes (número 14). Luego hay un brazalete, particularmente refinado por técnica y ejecución, el número 12, realizado en oro con granulación y procedente de Tharros (Cabras).

De clara derivación egipcia son asimismo los escarabajos y los amuletos en piedras preciosas que representan el ojo de Horus, la diosa Tanit, el dios Bes y otras divinidades protectoras.

También están presentes numerosos amuletos, entre ellos los estuches porta-rollo situados en el lateral de la vitrina, pequeñas custodias destinadas a finísimas láminas o papiros con inscripciones votivas o de buen augurio.

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